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No somos ninguna organización solo personas con ganas de ayudar a otras que lo necesitan mas que uno, hoy en día los políticos tapan toda la pobreza que hay en otras provincias Catamarca es una de ellas y nosotros la elegimos porque vimos a esos chicos como viven, la plata recaudada será destinada a hacer una compra virtual así las personas encargadas del comedor- merendero pueden retirar la mercadería en dicho supermercado cualquier consulta o duda que tengan pueden contactarse con nosotros no hay ningún problema les responderemos todas las dudas que tengan, estaremos a su disposición desde ya muchas gracias estamos a su disposición.
Saludos
El 24,3% de los catamarqueños son pobres

En tanto que el 17,7% de los hogares están en la línea de la pobreza de acuerdo a datos suministrados por el Instituto de Nacional de Estadística y Censos.
De acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), un programa nacional que tiene por objeto relevar características sociodemográficas y socioeconómicas de la población que realiza el INDEC, ubica al Gran Catamarca en una de las zonas menos pobres y con menor indigencia en el noroeste argentino por debajo del Gran Tucumán, Tafi Viejo, Jujuy Palpalá, Salta y Santiago del Estero, pero por encima de La Rioja, que tiene el 3% de los hogares indigentes y el 3,5 % de personas en situación de indigencia, mientras que el Gran Catamarca posee el 4,5% de los hogares en indigencia y el 5,4% de los habitantes en esa situación.
De acuerdo a los datos suministrados por el INDEC, el primer semestre del 2008 arrojó la cifra del 24,3% de catamarqueños en situación de pobreza, mientras que el 17,7% de los hogares se encuentran en la misma situación en el Gran Catamarca.
Catamarca: preocupa el estado de dos chicos desnutridos
Dos niños que padecen un elevado nivel de desnutrición fueron internados en el hospital Luis Alberto Vargas de la ciudad de Santa María, en Catamarca, en el límite con Tucumán, mientras que el hermano de la niña tucumana que el lunes último murió por desnutrición continúa en estado reservado, aunque fuera de peligro.
El gobierno tucumano dispuso que 80 profesionales de la salud visiten los barrios más pobres de la capital provincial para detectar nuevos posibles casos de desnutrición, que serán atendidos por una unidad especial del hospital de niños. "Si bien la desnutrición es una consecuencia de la pobreza, como medida de urgencia dispusimos un exhaustivo relevamiento de la situación sanitaria de la provincia", aseguró Enrique Zamudio, ministro de Salud de Tucumán.
Los médicos del hospital de niños, Luis Bossi y Emilio Baubse, dijeron que la desnutrición es una "verdadera epidemia" y que cada día se internan en ese establecimiento dos chicos con graves problemas de peso y crecimiento, lo que eleva a 60 el número mensual.
El ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, informó que 11.000 niños mueren al año en la Argentina por diversas causas, "la mayoría de las cuales, como la desnutrición, se podrían evitar, en el país de mayor producción per capita de alimentos en el mundo". Dijo sentirse "dolorido y avergonzado" y se comprometió a lanzar un plan infantil que alcance al "ciento por ciento" de los niños pobres, en tanto, el presidente Eduardo Duhalde aseguró que "en la Argentina nadie puede morirse de hambre si hay una sociedad que lo contenga".
El jefe de gabinete, Alfredo Atanasof, anunció que se harán más estrictos los "controles" para comprobar que el dinero que envía la Nación a las provincias para planes asistenciales "llegue efectivamente a las madres y los niños". El Ministerio de Trabajo tucumano informó que el gobierno nacional, desde mayo hasta noviembre incluido, giró 77.675.550 pesos destinados al plan Jefes y Jefas de Hogar, para intentar que las condiciones de pobreza extrema no se incrementen.

En los barrios del sur se concentra el 77 por ciento de los niños desnutridos, menores de cinco años, que viven en la Ciudad de Buenos Aires. Las cifras oficiales dicen que en toda la Capital son 1.336. Sin embargo, el Foro Social de Salud denuncia que los chicos mal alimentados son muchos más y propone que se declare la zona en “emergencia nutricional”.
Es difícil olvidarse de Barbarita. Fue en 2002 cuando la tucumanita de ocho años apareció en televisión para decirle al mundo que tenía hambre. Que ella y sus compañeros se desmayaban en la escuela por tener la panza vacía. Y que eso pasaba en el país del campo y de las vacas. Tres años después, cuando se habla de la crisis en tiempo pasado y las exportaciones alcanzan cifras récord, el hambre vuelve a ser noticia. Pero esta vez en la Ciudad de Buenos Aires.
Sí, en la ciudad con mayor presupuesto del país, en la capital cultural de América Latina, en la urbe con estilo europeo hay chicos que pasan hambre. No tienen los bracitos súper delgados y la panza como un globo, como Barbarita. Pero no hace falta llegar a ese grado de desnutrición para poner en riesgo a toda un generación.
Según un informe reciente de la Defensoría del Pueblo porteña hay 1.336 menores de cinco años de edad con déficit nutricional que se atienden en los 38 Centros de Salud y Atención Comunitaria de la Ciudad (Cesac). Son un puñado entre los 121.000 chicos pobres que habitan la Capital. El hambre no es ajeno a la desigualdad geográfica: el 77 por ciento de los chicos de 0 a 5 años afectados vive en zona sur.
Alejandra Gallegos, nutricionista del Cesac 9, de La Boca, confirmó a Sur Capitalino la gravedad de la situación: “Actualmente se atienden alrededor de 200 menores de seis años mal nutridos. El 60 por ciento padece desnutrición aguda y el 40 por ciento, crónica”. La apreciación que hace Gallegos desde el Equipo de Recuperación Nutricional de ese centro de salud es que “los chicos comen mal, exceso de pan, fideos, polenta. Hay una pobre ingesta de frutas y verduras”. Cuando las calorías y nutrientes que se ingieren no son suficientes, primero se pierde peso y después se deja de crecer. “En los primeros dos años la alimentación es fundamental -enfatiza la médica- porque se está terminando de formar el cerebro. La desnutrición hace que estos chicos tengan menos posibilidades en la vida”. La situación indigna no sólo por el presente de estos nenes y nenas que tienen que acostumbrarse a jugar y estudiar con ruido en la panza. Para el futuro, las estadísticas pintan un panorama desolador: los niños con desnutrición tienen entre cinco y ocho veces mayor probabilidad de tener retraso intelectual que aquellos bien alimentados, mayor propensión a enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, hipertensión), y la lista sigue.
La mala nutrición puede traducirse en bajo peso, falta de algún nutriente esencial -como el hierro- o incluso sobrepeso. “Tenemos en seguimiento a 70 chicos con bajo peso y 50 con sobrepeso”, revela la doctora Mirta Baiocchi, del equipo de nutrición del Cesac 15, también en el sur capitalino. Acostumbrada al trato diario con los chicos del barrio, plantea que uno de los problemas es el consumo de “productos no alimenticios, como gaseosas y golosinas, aún en las familias más pobres”. Sin prohibir a raja tabla que los chicos se den algunos gustos, los profesionales del centro tratan de “cambiar esos hábitos alimenticios; por eso se trabaja mano a mano con la mamá”.
Además de la falta de recursos, la carencia educativa también afecta la forma en que se alimenta una familia. Para paliar estos problemas se crearon los Talleres de Compras Inteligentes, que funcionan en los Cesac e instruyen a las mamás para aprovechar mejor los Vales Ciudad, hacer cuatro comidas al día, generar la costumbre de compartir la mesa en la cena, aspectos que contribuyen a mejorar los hábitos alimenticios. “La mayoría no come lo suficiente por falta de recursos, pero también influyen las crisis familiares, los chicos que se alimentan en comedores, sin la presencia de sus padres”, explica Gallegos.
Los Cesac, los médicos de cabecera y los hospitales conforman la red a través de la cual la Secretaría de Salud porteña enfrenta la nutrición deficiente, mediante su Programa de Vigilancia Nutricional, que incluye a más de 2.200 chicos. Sin embargo, un informe presentado recientemente por el Foro Social de Salud cuestiona el alcance de este y otros programas, y acusa al Gobierno de la Ciudad de ocultar información sobre la desnutrición. “Si hay 121.000 chicos pobres en la ciudad, no puede ser que haya sólo 2.200 con mal nutrición”, reflexiona Carlos Tcholakian, coordinador del Foro.
La denuncia se basa en un estudio realizado también en los mismos Cesac. Las conclusiones indican que “los 2.200 chicos que se encuentran bajo el programa de Vigilancia Nutricional, según datos de la propia Secretaría de Salud, no reflejan la totalidad de población infantil en situación de desnutrición” y que “no existe un registro o relevamiento exhaustivo de la verdadera situación, científicamente consistente”.
Ante este panorama, el Foro Social propone que se declare la “emergencia nutricional” de la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, y que se constituyan equipos interdisciplinarios para detectar y prevenir las carencias en la alimentación.
“Que esto pase en la Capital es doblemente llamativo por la riqueza que concentra -sostiene Tcholakian-. Esto demuestra que hay desnutrición no sólo por inoperancia, sino que es algo que forma parte del sistema político”.
No es nuevo que la distribución de la riqueza es desigual, que pocos tienen casi todo y muchos tienen casi nada. El pasado 1º de julio el Movimiento de los Chicos del Pueblo llegó a Plaza de Mayo, después de recorrer 4.500 kilómetros en once días, para recordar algo que se sabe: “El hambre es un crimen”. Con la desnutrición en el barrio no sirve mirar para el costado. Porque es justo ahí, donde hay chicos con hambre.
Por Luciana Rosende
30 millones de niños padecen hambre en América Latina

Esta mañana leí una noticia que me dejó helado: 30 millones de niños padecen hambre en América Latina. Como lo lees, 30 millones en una región que produce tres veces los alimentos que necesita.
Cuesta imaginar la cifra que entregan la Cepal y Unicef. También cuesta entender que este tipo de noticias aparezca solo en un par de medios de comunicación, postergada al lugar de los titulares de menor importancia


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